Comprendiendo el por qué de la sigla WWWHoy en día, la crítica a Internet es un lugar común entre gente de todas las edades y grupos sociales. Se ha tornado un cliché la idea de que Internet es el refugio de los pervertidos, depravados y pedófilos y es más que usual el escuchar frases como “con eso del Internet, los pibes ya no salen a jugar a la calle.”
Pero hay varias caras positivas de la red que pocas veces destacamos. Lejos de haber relegado la comunicación “cara a cara,” el ciberespacio ha sumado nuevas formas de comunicación que se combinan con las tradicionales, enriqueciendo las relaciones interpersonales. Como ésta, tantas otras bondades podrían ser destacadas, pero deseo en esta ocasión puntualizar en una, que posee varias ramificaciones.
Internet nos ha acercado un paso hacia el ideal de Sociedad Mundial Kantiana, hacia la idea de una sociedad formada por hombres con identidades ajenas a los estados, hacia la socialización de la materia y las ideas.
A primera vista, esto puede sonar un tanto descabellado, pero a medida que se desarrolle el argumento, notaran que este concepto dista de ser alocado.
Para empezar, Internet ha roto con las formas tradicionales de socialización del conocimiento, haciéndolo accesible a un número mucho mayor de gente. En el mundo virtual podemos hallar desde enciclopedias gratuitas hasta libros, sin olvidar obras de arte de todo tipo. Es el único medio donde cualquiera puede publicar sus opiniones e ideas sin ser censurado, y sin los límites impuestos por editoriales y medios de comunicación tradicionales.
Por otro lado, el ava

nce de Internet, en muchos aspectos, nos muestra el camino hacia la publicidad de los bienes. No es necesario ser un genio para notar la velocidad con que ha cambiado nuestra concepción de la cibernética en los últimos tiempos. Hace menos de 10 años, conectarse a Internet era un lujo al que sólo podían acceder los más adinerados. Hoy en día, y cada vez más, Internet es una herramienta de acceso público y general. Puede verse en muchas ciudades del mundo una tendencia hacia la gratuidad del acceso a la red, e incluso planes de entrega de computadoras para niños como en el caso de Uruguay o la provincia de San Luis.
En esta misma tendencia, puede notarse que no sólo el acceso a Internet es cada vez más popular, sino que la distribución de sus bienes es cada vez más amplia. Nuevamente, hace poco tiempo, no existía casi ningún programa por el que no se pagara; en la actualidad, no existe casi ningún programa que no pueda descargarse de forma gratuita.
Más allá de las prácticas corporativas, empresariales o gubernamentales, Internet ha llegado para modificar los hábitos de la gente. Puede observarse una tendencia a la solidaridad nunca antes vista en los foros, donde la gente dedica su tiempo para ayudar a otros a resolver todo tipo de problemas e inquietudes.
La modificación de las prácticas humanas va aún más lejos. La red también ha destruido la tendencia acumulativa que existía en un primer momento, cuando surgió este fenómeno. Ya nadie almacena fotos de Los Simpson en su computadora, o colecciona videos de las Spice Girls. Ya ni siquiera es tan común bajar música. Los contenidos están disponibles todo el tiempo, para todo el mundo. Se comparten, no se acopian.
Internet ha llegado para cambiar nuestra forma de pensar, para romper con nuestros esquemas, para acabar de una vez por todas (esperemos) con la lógica que domina al capitalismo desde hace ya demasiado tiempo de “lo que es mío, no es tuyo.” Internet ha llegado para instaurar un pensamiento más comunitario: “lo que es mío, es tuyo, helo aquí, úsalo, compártelo.” Es hora de que empecemos a cuestionarnos lo que nos han enseñado sobre la supuesta naturaleza humana. El hombre NO es egoísta por naturaleza, el hombre desea ayudar a otros hombres, el humano NO es necesariamente codicioso. Queda evidenciado que los individuos de la sociedad moderna, la sociedad cibernética, están dispuestos a compartir los frutos de su trabajo y su esfuerzo, sabiendo que tarde o temprano hallarán en ese maravilloso sistema una retribución.
En una organización donde todos aportan, todos pueden disfrutar los frutos del trabajo sin sufrir el recelo de quienes han producido lo que se consume.
De repente, la Sociedad Mundial, de personas sin distinción nacional, étnica o sexual, donde todos cooperan, el famoso “sistema mundial de amigos” ideado por Kant, ya no suena tan idealista, tan ridículo.